Síndrome de burnout

Es normal que en algún momento una persona se sienta cansada y no tenga ganas de ir a trabajar o que tenga problemas para comenzar a trabajar al llegar a la oficina. Estos momentos son comunes en cualquier trabajador sin importar el puesto que tenga, pues cada día tiene que afrontar distintos desafíos y realizar tareas como atender clientes, organizar reuniones de trabajo, avanzar con tareas pendientes, atender mensajes, correos, entre otras actividades que pueden causar estrés.

El estrés es algo que no debería sorprender a nadie, pues de antemano se sabe que en cualquier trabajo se debe aprender a trabajar bajo presión y a veces surgen requerimientos de último momento o los famosos imprevistos que no faltan. Y aunque el estrés se puede manejar, hay casos en donde el problema va más allá de esto, implicando falta de motivación, sensación de no estar en el sitio adecuado o de no hacer un trabajo que resulte relevante para sí mismos, en estos casos podría tratarse del síndrome de burnout, tema que se ahondará a continuación.

 

Origen del término.

El síndrome de burnout, también llamado síndrome de quemado o síndrome de desgaste laboral, es un término que fue acuñado en Estados Unidos en 1969 por el psicólogo estadounidense H.B. Bradley (llamándolo originalmente “staff burnout”) para referirse  a la conducta que presentaban algunos oficiales de policía, pero fue en las décadas de los 70’s y 80’s cuando este se popularizó de la mano de otros profesionales.

Específicamente, en 1986 fue cuando las psicólogas estadounidenses C. Maslach y S. Jackson definieron el burnout como un síndrome de cansancio emocional, despersonalización, y una menor realización personal que se da en aquellos individuos que trabajan en contacto con clientes y usuarios.

 

Síntomas y causas.

El síndrome de burnout puede surgir después de un periodo de estrés crónico y abarca desgaste mental, físico y emocional en el contexto laboral, pero que también tiene repercusiones en la vida personal de quien lo padece. Hay irritabilidad hacia sus clientes y/o compañeros, agotamiento emocional, haciendo a la persona menos resistente al estrés y pérdida de enfoque, importa poco el trabajo y cómo se realice, sin considerar al resto del equipo.

Ahora bien, ¿en qué se diferencia el burnout del estrés o estrés crónico? Una de las claves para diferenciarlos es que el estrés está ligado al exceso de obligaciones, presiones como cumplir con cierta tarea en un lapso específico, generando una sensación de urgencia; el burnout por su parte, implica una sensación de impotencia, falta de realización personal y de sentido de pertenencia en la empresa donde labora y la sensación de no hacer algo relevante, generando incluso depresión junto con la ansiedad.

Aunque no hay una causa específica, algunos factores que pueden influir son:

  • Ser trabajólico: Un trabajólico es quien no distingue entre su vida laboral y privada, no toma descansos y pasa mucho tiempo en su trabajo sin que se lo exijan. Llega a sentir que no se le valora.
  • Multitasking: Aunque muchos aluden tener esta capacidad, en realidad una persona no puede hacer varias cosas al mismo tiempo, el querer hacer asumir responsabilidades que ni siquiera le competen y terminar dejando cosas a medias genera frustración e impotencia.
  • Trabajo monótono: Hacer lo mismo todos los días sin excepciones hasta cierto punto llega a ser desgastante, también influye en los bloqueos mentales.
  • No sentirse identificado con el trabajo: Una de las características del burnout que ya se ha mencionado es la sensación de no hacer algo relevante, esto se relaciona con no sentir empatía por el lugar de trabajo y el equipo con quien se trabaja.
  • Falta de comunicación: Tanto laboral como personal, la buena comunicación siempre es imprescindible. Si alguien se siente cansado, o que hace muchas cosas y nadie lo reconoce, un buen primer paso es hablarlo, si considera que no se le está retribuyendo bien por su trabajo o si considera que hay procesos que deberían mejorarse.

 

¿Qué hacer al respecto?

Si alguien cree que padece el síndrome de burnout o está bajo mucho estrés, lo primero que debe hacer es expresarlo, ya sea con el jefe inmediato, con sus compañeros o buscar ayuda profesional, también debe saber que no está solo. También es necesario aprender a delegar, pues uno de los pilares del trabajo en equipo es la confianza y el apoyo mutuo.

El cambio de actitud también ayudará a evitar o reducir el burnout, comprender que el trabajo que se hace es valioso, dado que a través de este se contribuye a la sociedad, máxime cuando este implica atender directamente a otras personas. El cambio de actitud también debe ser hacia los compañeros, mejorando la comunicación y la forma de tratarse.

El manejo de tiempo también es sustancial, no es un secreto que muchas veces una persona se atrasa en su trabajo por procrastinar, por no administrar sus horas en el trabajo, por llevar trabajo a casa frecuentemente y no dedicar tiempo a actividades recreativas. Así como hay tiempo para trabajar, hay tiempo para descansar.

Por último, hay que tener en cuenta que el síndrome de burnout no solo afecta a quien lo padece, sino que también a su equipo de trabajo, los colaboradores también pueden sentirse en la responsabilidad de apoyar a algún compañero que pueda estar padeciendo de este síntoma, en medida que esté dispuesto a recibir ayuda.

 

 

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